Errores que se pagan caros al contratar un seguro
Contratar un seguro suele hacerse con prisa: “me lo piden en el banco”, “lo necesito para la hipoteca”, “ya lo miraré con calma”. Y ahí es donde aparecen los problemas. No porque tú no quieras hacerlo bien, sino porque es fácil fijarse solo en el precio y pasar por alto lo importante: qué te cubre de verdad cuando pasa algo.
En Arroyoastur lo vemos a menudo: gente que pensaba estar cubierta y descubre la letra pequeña justo cuando más falta le hace. Para que no te pase, aquí van los fallos más habituales (y cómo evitarlos) al hablar de errores contratar seguro.
1) Elegir solo por precio (y no por cobertura real)
El error más común: comparar pólizas como si fueran iguales y decidir por la más barata. Dos seguros pueden llamarse “hogar” o “coche” y, sin embargo, tener límites, franquicias y exclusiones muy distintas.
Ejemplo sencillo: imagina una fuga de agua que acaba dañando al vecino. Un seguro barato puede cubrir la reparación “mínima” y dejar fuera parte de la localización de la fuga, o limitar la responsabilidad civil. En un piso en Oviedo, Gijón o Avilés (donde hay comunidades y vecinos pared con pared), eso se nota.
Qué hacer
- Pide que te expliquen límites (cuánto paga como máximo) y franquicias (lo que pagas tú).
- Pregunta: “¿Qué es lo más típico que se queda fuera?”
- Compara coberturas clave, no solo el recibo.
2) No declarar bien los datos (sin mala intención)
Otro de los grandes errores contratar seguro es dar información incompleta o “aproximada”. A veces por desconocimiento: metros de la vivienda, valor del contenido, si hay uso profesional, si el coche duerme en garaje…
Y ojo: si los datos no son correctos, en un siniestro puede haber reducción de indemnización o discusiones innecesarias. No es cuestión de “culpas”, es que el seguro se calcula con esos datos.
Qué hacer
- Ten a mano escrituras, catastro o recibo del IBI para metros y características.
- Haz una lista rápida de contenido (tele, sofá, electrodomésticos, portátil, joyas si las hay).
- Si es vivienda alquilada, aclara quién asegura qué: propietario e inquilino no cubren lo mismo.
3) Confundir “continente” y “contenido” en el seguro de hogar
Este fallo es un clásico. Continente es la estructura (paredes, suelos, instalaciones). Contenido son tus cosas (muebles, ropa, electrodomésticos…).
Si el continente está infravalorado, una reparación importante puede quedarse corta. Si el contenido se queda bajo, un robo o un incendio te deja con un disgusto doble.
Ejemplo muy real
En una casa en las afueras de Siero o en una vivienda antigua en una zona húmeda, una avería puede afectar a instalaciones y acabados. Si el continente está puesto “a ojo” y por debajo, el seguro no estira.
Qué hacer
- Revisa con calma el capital de continente: no es el precio de compra, es el coste de reconstrucción.
- Valora el contenido con sentido común: mejor aproximar bien que quedarse corto.
4) No revisar las exclusiones (lo que no cubre)
Lo que más duele de un seguro es descubrir lo que no cubre cuando ya ha pasado el problema. Hay exclusiones típicas: falta de mantenimiento, daños estéticos, filtraciones lentas, ciertos fenómenos atmosféricos si no alcanzan un umbral, etc.
No se trata de leer 40 páginas, se trata de que alguien te lo traduzca: “esto sí / esto no / esto depende”.
Qué hacer
- Pide un resumen claro de exclusiones frecuentes en tu caso.
- Di cómo es tu vivienda o tu uso: ¿casa con finca?, ¿piso con terraza?, ¿local a pie de calle?, ¿coche para ir a trabajar todos los días?
5) No adaptar el seguro a tu vida (porque tu vida cambia)
Cambias tú, cambia tu casa y cambia el uso del coche. Y el seguro debería acompañar esos cambios.
- Te vas a vivir en pareja y hay más contenido.
- Reformas la cocina o el baño.
- Empiezas a teletrabajar con equipo en casa.
- Tu hijo empieza a conducir tu coche.
Si no lo actualizas, puedes estar pagando por cosas que no necesitas o, peor, quedarte corto justo en lo importante.
Qué hacer
- Revisa la póliza una vez al año (en 10 minutos se puede).
- Cuando cambie algo grande, avisa: reforma, nueva mascota, nuevo conductor habitual, etc.
6) Contratar “por paquete” con la hipoteca o por comodidad
Es muy habitual firmar un seguro vinculado a una hipoteca o a una financiación “porque viene con bonificación”. A veces compensa, a veces no. El problema no es que sea banco o no: el problema es no comparar qué te están dando y a qué precio, y cómo te atienden si hay un siniestro.
Qué hacer
- Pide el detalle de coberturas y capitales (no solo el precio).
- Pregunta si puedes mantener la bonificación con otra aseguradora (según el caso).
- Valora el servicio: ¿quién te defiende y te acompaña cuando hay un parte?
7) No entender la franquicia y los límites (y llevarse la sorpresa)
Una franquicia baja el precio, pero significa que una parte la pagas tú. Los límites hacen que, aunque esté “cubierto”, haya un máximo.
Ejemplo: si tienes una franquicia de 200 € en el coche, cualquier golpe pequeño lo pagas tú. Y si un servicio tiene un límite bajo, en un siniestro grande se nota.
Qué hacer
- Pide ejemplos prácticos: “si el arreglo cuesta 600 €, ¿cuánto pago yo?”
- Revisa límites en responsabilidad civil, daños por agua, robo y asistencia.
8) Pensar que “a mí no me va a pasar” (hasta que pasa)
La mayoría de siniestros no son “catástrofes”: son cosas cotidianas. Una gotera que cae al vecino, un golpe aparcando en un garaje estrecho, un móvil roto, un viento fuerte que levanta algo en la finca, una cerradura forzada.
En Asturias, con humedad, lluvia y cambios de tiempo, los partes de hogar por agua y filtraciones son más habituales de lo que parece. Por eso conviene asegurar pensando en lo probable, no en lo perfecto.
Checklist rápido antes de firmar
- ¿Qué cubre? (3 coberturas clave explicadas en cristiano)
- ¿Qué no cubre? (exclusiones típicas de tu caso)
- ¿Límites y franquicias? (números claros, con ejemplo)
- ¿Capitales correctos? (continente/contenido, responsabilidad civil)
- ¿Quién me ayuda si hay un siniestro? (teléfono, tiempos, gestión)
Por qué una correduría puede evitarte estos fallos
Cuando contratas a través de una correduría, no estás eligiendo “una póliza cualquiera”: estás buscando que alguien te ayude a encajar coberturas con tu vida real y te acompañe si hay problemas. En una situación de estrés (un robo, un accidente, una fuga), se agradece tener un interlocutor que te explique, te guíe con la documentación y defienda tu postura con sentido.
Y, sobre todo, se trata de prevenir: revisar antes para no descubrir después. Porque muchos errores contratar seguro no se ven el día que pagas… se ven el día que lo necesitas.
¿Tienes dudas? Te lo miramos sin compromiso. Escríbenos por WhatsApp o llámanos. Arroyoastur, tu correduría de confianza en Asturias.